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I parte
Ella me miraba.
Como lo habían hecho muchas antes que ella, pero era diferente ya que yo sabia que en su mirada había amor y confianza, la cual simplemente no me merecía, esto me hizo sentir como lo que era, un miserable.
Pero sin saber por que, esa mirada me daba la certeza que de ese momento en adelante iba a cambiar, la iba a querer .¡No!. A amar, iba a casarme, tener hijos, iba a vivir una vida que seguramente le agradaría a todo mi mundo, ¡y claro que les agradaría!, y dirían de mi cuando mi cuerpo se cobre los 42.735 cigarrillos y todavía contando que me he fumado, sin incluir los excesos de sal, azúcar y sexo. Que fui un hombre bueno. Sintiendo mis más allegados los que realmente podian captar mí esencia, una especie de incomodidad no fundamentada. Casi imperceptible. Pero presente. La decepción mezclada con su respectiva dosis de lastima, pero no la lastima abierta que no suele ser mas que una burla o el resultado de no mirarse de vez en cuando al espejo, si no la lastima callada que ni siquiera la persona que la siente, quiere aceptar que la siente, esa corrosiva que solo se aplica a lo que se pudo hacer y no se hizo, a la persona que siempre supo pero nunca entendió.
El hombre de los 42.735 cigarrillos lo sabia, pero no lo entendía, gano que se le tuviera la peor de las lastimas aplicables: la canonización de sus obras y justificación de sus acciones.
II. parte
Una excusa, una ciudad, la lluvia, un beso, una mentira. Y todas las que siguieron para mantenerla… ¿pero es mentira la que se dice, si se tiene en el momento la certeza de que es verdad?,
Y como he de saberlo, si yo solo sé. No entiendo.
Caminando en una ciudad anónima, siendo un anónimo se ve el sufrimiento, el dolor, la intriga, las malas voluntades, la traición, el miedo, la impotencia, la muerte, la vida, el amor, la solidaridad, la bondad, muchas personas viviendo el mejor día de sus vidas, otras el peor día de sus vidas, todo al mismo tiempo, comienzos y finales, primeros y últimos, felicidad y amargura. Formando una mezcla de nunca acabar, todo al unísono, todo a la par.
como ascendiendo al infinito toma vida ante nuestros ojos la eterna melodía de lo humano, lo sagrado y lo mundano, que nace para morir en un instante ante las miradas indiferentes de todos aquellos que la producen, todo esto conformando el bullicio que es como el palpitar del corazón de la inmortal ciudad.
III parte
Cuando te encuentras en un lugar donde el bullicio y la compañía se reduce a su mínima expresión, se llega a un punto donde la soledad y la quietud te hace sentir pleno.
Pero esa plenitud no viene de la felicidad o de la tranquilidad y mucho menos de la satisfacción.
Es cuando te das cuenta que, numéricamente no eres nadie, que fuera de tu circulo social nadie espera nada de ti, eso, te calma.
En realidad es una tristeza que lo llena todo, que adopta un aire místico y que te invade de una forma tan calmada, tan fría, tan razonada que no puedes ni quieres detenerla, por que de una u otra manera te trae paz. Es la resignación.
No a la vida, no a la muerte, tampoco es resignación de tener que deambular en la ciudad de la furia como un anónimo más. No. No te resignas a nada de esto, te resignas del fin, del motivo.
Todo en la vida tiene un por que, excepto, la vida misma.
A pesar de esto la vivimos, sea a regañadientes, sea con valentía, sea con humor. Ya que solo estamos seguros de esta vida. De lo que viene después solo conocemos la incertidumbre.
Como tirara una parisina, que sensaciones cambiaran, serán mejores, peores, será que ellas si saben fingir un orgasmo, ¿olerán feo?, por que ni las checas, ni las suecas, ni las argentinas, ni las uruguayas, ni las chilenas, ni las venezolanas, ni las colombianas, Son en ”esencia”… diferentes, varían la forma del gemido, sea en acento, en idioma, o en forma de referirse al placer, sea verdadero o falso. Pero igual no varían mucho, ya teniendo este precedente y a pesar que el numero de polvos estándares y malos que he tenido, superan ampliamente el numero de los buenos y muy buenos, sigo teniendo una gran curiosidad de saber como tirá una parisina, pero no una parisina que vaya a mi país de turismo, quiero cogerla en su habitad, en Paris, en el peor de los casos en banlieu, y estoy seguro que un rato después de lograr esto, me aburriré, y que se yo, querré saber como tira una australiana.
El ser humano es nómada, aunque no lo quiera aceptar, soñamos en vivir o viajar a un lugar que no es en el que estamos viviendo, los de tierra fría, a tierra caliente. Los de tierra caliente, a tierra fria. O hay veces en que los de tierra fría quieren ir a tierra mas fría, y los de caliente a mas caliente.
¿Saben por que esta contradicción? , por que el clima no tiene nada que ver, tampoco las mujeres, tampoco las pocas o muchas oportunidades de progreso utópico de los países desarrollados. No. Nada de esto.
Es sencillamente que para el ser humano viajar es una necesidad, conocer lugares, gente, costumbres. Esta necesidad la intentamos suplir con paseos turísticos y distracciones cercanas del sitio donde vivimos, estas distracciones son el ejemplo mas claro de nuestro fallido intento de suplir esta necesidad, cuando vamos a una hacinada discoteca a luchar a codazos por una baldosa en la cual bailar o un rincón para pararse a tomar algo mientras te codea la persona de atrás, conocer gente que muy probablemente no conoceríamos nunca si no fuéramos a esta discoteca, ya que en realidad no somos capaces de conocer gente si no estamos en un ambiente en el cual creamos propicio, o mejor dicho que no se vea mal.
Al parecer la popularidad de una discoteca podría llegar a medirse por los codazos recibidos por minuto o por la cantidad de roces íntimos que obliga el reducido espacio cuadrado por persona.
Este lugar, mezclado con cierta ambientación, cierta música y asignando el precio indicado al mercado que quieran llegar, se convierte en lo que se busca. Un colador. Un colador humano que simplifica la asociación de las personas, ya que los reúne dependiendo gustos, edad, nivel socio-económico, y llega a el punto de que los reúne según las intenciones de cada persona para esa noche en especifico.
Otra distracción es ir al cine, ir a ver a personas que no son, hacer cosas que jamás harían, pero que todos, incluidos los que están dentro de la pantalla les gustaría hacer. Esta bien, es divertido ir a cine, pero teniendo la certeza de que lo que va a salir en la pantalla ya lo hice, lo voy a hacer, no quiero serlo, o en mi próxima reencarnación, o cuando construyan una maquina del tiempo que tenga reversa.
El parque de diversiones, tomar riesgos controlados, montarte en una cosa en la cual hay una insignificante posibilidad de que te mates, esa cantidad de adrenalina que sientes con algo que sabes que no te va hacer el mas mínimo daño, imaginate lo que llegarías a sentir arriesgándote un poco mas a vivir. Tomando más riesgos, riesgos controlados claro, pero controlados por ti, vivir es un riesgo, a nosotros no nos corresponde “ni dirigir nuestros pasos”, así que si decidimos vivir esta vida a fondo al menos demos nuestros malos pasos autónomamente.
Esta claro que no nos contentamos viendo la tour Eiffel en fotos o por televisión, como tampoco las pirámides en el multimedia que sale en encarta, no. Siempre queremos ir a verlas personalmente, a si nos cueste mucho dinero, muchos sacrificios, o así no nos cueste nada.
Pero no son ni la torre, ni las pirámides, las que nos hacen viajar, esas imágenes tan solo nos despiertan nuestro espíritu nómada aplacado por la rutina, o por lo bien que estamos adaptados-amaestrados a la sociedad, si a todos se les diera por hacer esto, y bueno no habría países, solo naciones, andando de un lado a otro, perdiendo así las increíbles prestaciones en la calidad de vida que da el asentamiento. No, no aguanta. Es mejor que solo los que son capaces de romper paradigmas y esquivar obstáculos sean los que disfruten la vida como se les de la gana cumpliendo la sagrada regla de “tu libertad acaba donde comienza la del otro”, ósea, no jodas a nadie a excepción de que te jodan. Obviamente hay infinidad de reglas mas, pero respetando esta, solo harás amigos, y si haces algo no muy inteligente o no controlaste los riesgos… te matas solo, y bueno es mejor morir (aunque no se porque, ya que esto lo siento y no soy muy bueno explicando sentimientos) haciendo lo que querías, que viviendo una rutina impuesta, y que en un momento de distracción posiblemente soñando despierto lo que hubieses querido ser o hacer te atropelle un bus o te apuñale una rata callejera por veinte mil pesos.
jueves, 28 de agosto de 2008
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