Espera con cara de ilusión, mientras observa como aquella malvada rueda que anuncia con unos visibles números rojos el peso, comienza a rotar con un vaivén eterno, parece no parar y cuando lo hace el resultado no es alentador. Ha parado en el mismo terrible numero en que paro el mes pasado y el anterior. No puede evitarlo y comienza a llorar. Llora con una tristeza profunda, una de esas tristezas que no se calma con lagrimas, una de esas que no son transitorias, una tristeza tan grande como la misma alma, grande como los anhelos destruidos, grande como su redonda figura.
Johana se dirige con pasos cortos y aletargados a la cocina. Busca con desesperación aquel mismo paquete de galletas al que culpa el no haber bajado ni tan siquiera un gramo. Come con ansia, con odio, con repulsión … pero aun así come y no para hasta terminar aquel gigantesco paquete. El arrepentimiento se apodera de su ser e inicia la autoflagelación psicológica, su mente recuerda cada segundo queriendo no perder detalle de las burlas de sus compañeros de clase años atrás, revive la mirada de desprecio de aquel chico al que le declaro su amor y que tras un silencio escalofriante le pidió que se marchase ya que no gustaba de las gordas, recuerda todo, recuerda nada.
Desde que tiene memoria Johana ha sido como diría la gente; robusta, gordita, gruesa, rolliza, rechoncha u oronda. Desde que tiene memoria ha sido un niña de corazón gigante, humor agradable y optimista empedernida, desde que tiene memoria sueña con ser ella en cuerpo de otra, o mejor, ser otra en la mente de ella.
Johana recuerda con melancolía y alegría, el amor que su padre le obsequiaba sin importar su aspecto; recuerda el apoyo incondicional que le daba tras un duro día de escuela donde los crueles chicos le recordaban su figura, recuerda el abrazo reparador y las caricias que curaban cualquier tipo de herida. También recuerda, pero en este caso con tristeza profunda, la actitud de su madre, quien con sus reproches constantes, la hacia sentirse mal por ser como la genética dictamino que fuese y la forzaba a tomar acciones para cambiarlo.
A Johana quiere no importarle su gordura, así que en un arranque de valentía decide que hoy comerá lo que quiera, se comportara como crea y ante todo será la que pueda. Mañana será otro día donde Johana sea aquella gordita que quiere ser feliz y la gente no la deja o podría ser el día en que decidirá ser como es, sin importar lo que la gente desea que sea.
jueves, 30 de octubre de 2008
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